A pesar de los avances de las ciencias forenses y de las fantasías y realidades de programas tipo C.S.I. , las causas de la muerte de cualquiera no son fáciles de descubrir. Las verdaderas causas son más profundas aun que hallar el arma homicida, o determinar si se trató de un suicidio, o si el arma era de un calibre mayor… Incluso, si se tratase de un suicidio, y si viniera acompañado de una nota de “despedida”, no es fácil hallar las razones de una muerte. Las verdaderas razones del suicida permanecen, muchas veces, ocultas al grueso de la gente.
Cuando la noticia de la muerte de una celebridad nos llega sin suficientes datos, las especulaciones sobre las probables causas de su muerte aumentan. La muerte de Whitney Houston trascendió entre incredulidad, desconcierto y suposiciones respecto a de qué habría muerto la cantante? Entre éstas últimas, muchos señalaban como la más probable, una sobredosis de drogas.
La vida de Whitney Houston no fue fácil, a pesar del éxito desmedido temporal y del enorme talento que poseía. Conflictos existenciales, tormentas en sus relaciones amorosas, altibajos emocionales y profesionales y consumo de drogas, marcaron su vía crucis. Decir que la noche anterior la vieron en un club nocturno, muy desmejorada y con diversas cortadas y heridas…, que la hallaron ahogada en su bañera…, que si seguía, o no, usando cantidades ingentes de drogas… es, sólo, una parte de la película. Esa película dramática que fue su vida y en la cual, sin lugar a dudas, ella fue la trágica, indudable estrella.
Whitney Houston murió, más que por causas conectadas a la drogadicción, por otras que parecen menos aniquilantes pero que, en el fondo son más crueles y patéticas. Whitney Houston murió de tremendos conflictos emocionales, de soledad y de abandono.
Pero en su caso, el drama no fue buscado de una manera tan consciente y premonitoria, como en el de Amy Winehouse, quien jugaba inclusive con la idea de una muerte temprana, similar a aquéllas de sus más grandes ídolos. Whitney Houston vivió, por muchos años, en una profunda soledad. En medio del estrellato, en medio de sus relaciones amorosas, en medio de la fama y de su arte, estaba profundamente sola. En ocasiones, los dones de Dios, como su magnífica voz, pasan facturas impagables.
El extraordinario film Sunset Boulevard (con Gloria Swanson y William Holden) nos permite vislumbrar las sensaciones y emociones de las estrellas, más allá de su momento de mayor éxito y fama. Algunas, como el personaje central de la película, resuelven el tremendo conflicto de la percepción de la disminución de su impacto e importancia, en los medios y en su público, asesinando a alguien; otras, matándose, o dejándose morir, ellas mismas.
Hoy, los medios explotan, a más no poder, la muerte de Whitney Houston. Le surgen “fans” nuevos por todos los rincones del planeta. De pronto, su muerte y su vida son un grandísimo negocio para las cadenas de televisión que producen programas biográficos sobre ella, con material de archivo, a muy bajo costo, y los venden en millones de dólares de publicidad. El internauta promedio, sintiendo que existe y que debe pronunciarse, inunda Twitter con sus tweets de condolencia, y expresa en las redes sociales su consternación. Hoy, cuando Whitney Houston lo necesita menos, está más que acompañada.
Digo que murió de abandono pues quizá, en medio de una noche solitaria, de conflictos, autorrecriminaciones y drogas, a Whitney Houston le habría gustado ver un programa especial sobre su vida, ver que los medios la seguían valorando, teniendo en gran estima; la habría hecho sentir un poco mejor, menos sola, el recibir por lo menos la décima parte de las muestras de apoyo y simpatía que ahora le sobran y que no tuvo cuando más sola y triste se sentía. Habría sido reconfortante para ella sentir que importaba. Quizá, eso le habría dado fuerzas y motivos para seguir luchando.
En medio de su más profunda crisis, fue abandonada por todos. Todos ésos que, ahora, se llenan los bolsillos hablando de la belleza de su canto, y quieren figurar en las exequias universales por su fallecimiento mandando sus mensajes por la red y diciendo cuánto la admiraban!, cuánto significaba para ellos y cuánto les marcó la vida!
La inmensa mayoría de “dolientes” -estoy seguro- no podrían citar correctamente -como le ocurrió a aquel famoso envaselinado- ni tres títulos de canciones de la eximia cantante a la que tanto admiraban. La fama es una amante cruel. Los medios siguen siendo un charco plagado de mercenarios. Y la red, el mejor medio para que los mediocres se vayan a la cargada e imiten los conceptos que oyeron o leyeron dos minutos antes, con la esperanza de ser, ellos también, seres con existencia e importancia…
Whitney Houston murió… de abandono.
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